Mi amiga se enroló en la «Escuela de Chamanismo Siberiano»

Seguir este camino conlleva que los adeptos dejen sus casas (se les dice que deben transmitir estas enseñanzas en otros lugares). Al parecer, para este grupo la familia o los amigos son “ataduras” y “apegos” que no les permiten realizarse como las personas que ellos son por sí mismos (v.g. porque la familia y los amigos no comparten sus nuevas ideas).

Una vez se han enrolado en estos “seminarios”, se les convence de la necesidad de transmitir las conocimientos del grupo, por lo que deben viajar en compañía siempre de sus “orientadores” (una persona que realiza el seguimiento del recién llegado) y alojarse en casa de “contactos” (amigos de otros adeptos), sin abonar ninguna suma para contribuir a los gastos de la casa donde se alojan, y para ello, sólo deben quedarse una semana en cada casa. Tampoco hacen limpieza ni guisan, pues esto lo hacen sus anfitriones.  Asimismo, a las mujeres las convencen de que no deben hacer tareas duras (como limpiar, ocuparse del jardín, etc. ) y poco a poco dejan sus trabajos para dedicarse a atraer a otras personas a la “Escuela”.

Los miembros ayudan en la venta de CDs del grupo, una música que acompaña los ejercicios de yoga. Ellos mismos deben escuchar esa música cada día. De hecho, les dicen que deben poner el CD en cuanto lleguen a casa, para “borrar las malas energías que se recogen en la calle y el trabajo”.

Al alejarse de la familia, esta pierde poco a poco el contacto con el adepto, pues sólo lo mantiene al principio a través del móvil, pero las llamadas se hacen cada vez más espaciadas y las visitas a la familia, más escasas.