Sectas cristianas: Me robaron la vida

Cuando mi padre dijo que había encontrado un hombre “fantástico” para mí, no dije nada. ¿Qué podría haber dicho? Mi vida entera era una gran mentira y era un alma perdida, que luchaba por evitar el purgatorio. Estaba deshecha dentro de la Comunidad a los 26 años. La blanca vela volteaba en mi cabeza, riendo con malicia. La novia en blanco inmaculado .. yo, que era tan negro como el pecado original.

Viví cinco años de matrimonio. Bueno, vivir ..nunca vivo. Sólo existo.

Soy la buena y hermosa María, que se preocupa por su marido, comparte la mesa y la cama con él, me siento enferma de impotencia, asco y miedo. Soy nadie, porque la auténtica María, la que vive, la que podría haber llegado a ser en otras circunstancias nunca ha tenido la oportunidad de vivir y desenvolverse. Siento en cierto modo, que me han robado la vida y, ¿por qué estoy vivo? En el último medio año, se me ha ido ocurriendo más y más la pregunta… ¿para qué vivo? Porque no me atrevo a morir tal vez, pues ¿quién sabe que el Dios silencioso no cumple con su parte y me deja arder en el purgatorio?

A veces pienso que debo escapar… fugar de esta vida y de la cárcel en la que vivo. Soy adulta y tengo estudios. Puedo vivir sola, independiente. Pero entonces me doy cuenta que no es tan fácil. Treinta años en la “cárcel” me han dejado trastornada. Años de lavado de cerebro, miedo y callar me han ido consumiendo la autoconfianza, valentía y la fuerza de vivir que hubiera necesitado.

Mis ojos se detienen en una fotografía colgada en la pared. Muestra un halcón en un vuelo majestuoso sobre un bosque otoñal de una belleza que hechiza. Mi hermano sacó la foto, pero yo soy el único que lo sabe. Si no, no se me hubiera permitido que la tuviera aquí. La encontré cuando recogí su habitación después de la “tragedia”, y lo escondí … como un tesoro.

“Aprende a volar, María”, me dijo. Pero ¿cómo volar si te han cortado las alas?.

Original en Aller Media, 16 / 1993