Sectas cristianas: Me robaron la vida

Pero al final fue descubierto y ¡esto nos llevaría al infierno! ¡Porque la vida al aire libre desviaba su atención de Dios! Todo fue comentado en la “comunidad” y todos rezaban por el “hijo pecador” que tenía mi padre. Le quitaron la cámara y aquella noche, el odio ardía abiertamente en los ojos de mi hermano, pero yo creía que era el único que lo veía. Se metió sigilosamente en mi cuarto cuando los ruidos se habían extinguido en la casa. Estaba tumbada en la cama, y él se sentó en el borde y me cogió la mano. “Tú eres la única persona a quien quiero, María”, me dijo en voz baja. “Gracias por haber estado a mi lado, has sido la única que ha estado a mi lado, ni siquiera Dios. No dejes que te destrocen, gran hermana.”

“Mira a los pájaros. Flotan allí arriba en gran silencio y ellos están más cerca del Cielo y Dios que nosotros jamás hemos estado. ¡Aprende a volar, María!  Antes de que pudiera decir nada ya se había marchado, y a la mañana siguiente estaba muerto. Se había ahorcado en el desván …

No me escapé ni una vez. Todo lo contrario, todavía me ‘ataron’ más firme, porque es lógico que mis padres no pudieran soportar más dolor. Sin embargo, fueron ellos que le habían quitado la vida, pensaba yo, y sentía el miedo por mis pensamientos pecaminosos como un nudo el estomago. Pero quizás su suicidio fuera el motivo por el que mi padre me permitió que estudiara Magisterio.

Me hice maestra y el trabajo en la escuela se convirtió en la luz de mi vida. Me caían bien los alumnos, me encantaba ayudar y enseñar. Participaba en los días deportivos y excursiones de esquí. Me iba de casa en mi falda y ocultaba los pantalones de esquiar en la bolsa. ¡Pecado, pecado! Y me perseguía el miedo de que alguien de la comunidad me descubriera y también el miedo por la condenación eterna. Y aun así lo seguía haciendo.

Nombraron a otro director. Me llevaba 15 años, era alto, alegre y nada convencional. Lo que le dio para mirar en mi dirección, no lo sé. Había llevado un vida relativamente “disoluta”, me dijo en confianza.  “Tu eres la más pura e inocente que jamás encontré”, me dijo una vez. “Creía que sólo los ángeles eran así, y si desearía una especie de vida eterna, sólo podría conseguirla a través de ti”.