Sectas cristianas: Me robaron la vida

A los cuatro años tuve un hermano. Le quería mucho desde el primer momento y jugaba con él siempre cuando había ocasión. No obstante, al pasar el tiempo se iría poniendo de manifiesto que Andreas no tenía la misma actitud callada y resignada. Siempre quería saber ¿por qué? y conforme creciera empezaría a protestar. Una actitud que no gustaba, y siempre iba recibiendo palos. “Al que uno quiere, le castiga”, es lo que dice la Biblia. Yo no comprendía que alguien podía pegar a otro por amor. Pero es lo que pasaba para expulsar los «pensamientos e ideas pecaminosas» de su cabeza y «salvar su alma inmortal», decía mi padre.

Aunque no era normal en la secta, me permitieron ir a estudiar en el Instituto de Enseñanza Media. Bien mirado las mujeres no necesitaban estudios, ya que tenían que casarse dentro de la secta y tener descendencia. No obstante, por algún motivo desconocido mi padre me lo permitió, y me metí en los libros. Me encantaba Historia y Noruego y pasaba mis mejores ratos leyendo una novela o una biografía.

Mi hermano se fue convirtiendo en un adolescente inadaptado. Había aprendido a callar, pero en sus ojos negros se veían las frustaciones. De vez en cuando veía puro odio en sus ojos, me asustaba mucho. Ya que en nuestro ambiente no había oportunidad de alboroto o estallidos de cólera. A él le encantaba salir a los bosques y caminar por los campos. La naturaleza le daba la paz y la libertad que su vida cotidiana le negaba. Sabía todo de las aves del bosque, y los zorros incluso le comían de la mano.

“Me gustaría ser un pájaro o un animal, María”, me dijo. “Imagínate, vivir libre debajo del gran cielo cuajado de estrellas y ser libre … siempre libre.”

Seguro que era blasfemia, desear una cosa así, pero no le contradecía. Le comprendía y le quería. Le consolaba cuando lloraba de rabia, impotencia y desesperación, e intentaba protegerle de los más duros enfrentamientos. Y como había ahorrado bastante dinero de mi trabajo de los sábados, un día le compré una cámara de fotos realmente buena. Sabía que era lo que más quería, que deseaba fotografiar aquel pájaro allí fuera en su libertad. No lo mencionábamos delante de nuestros padres, ya que presentíamos que quizás no les gustaría.