Crecí en una secta pseudojunguiana

Como mi madre biológica vivía fuera, se me hizo odiarla durante años, diciéndome que consintió que yo me marchase con mi padre porqué se desentendió de mi, me abandonó y me rechazó como hijo (unos hechos desmentidos muchos meses después de mi salida por mi padre). Con el objetivo de cortar de raíz todo vínculo emocional también se la criticaba y tildaba de mala persona en mi presencia.

Y para meterme el miedo en el cuerpo, ante mi rebeldía adolescente, se me diría y repetiría durante los últimos años que irremediablemente estaba destinado a ser un perdedor, una desgracia que arrastraría conmigo como un estigma si algún día llegaba a abandonar del grupo (a otros se les diría que serían víctimas de un cáncer o de otro tumor maligno de difícil curación).

Unas prácticas que poco a poco fueron desmadejando mi estructura emocional y consumiendo mis cualidades físicas y morales, generando un daño psicológico a muchos niveles.

En un grupo con tales prácticas de sectarismo aprendes con el tiempo a no fiarte nunca de nadie, y sobretodo a no compartir jamás tus opiniones y pensamientos más profundos. Si lo haces, alguien acabará tarde o temprano vendiéndote en secreto a cambio de ganarse una palmadita en la espalda de su líder, en este caso Gabrielle.

Nunca dejabas de vivir pues en una burbuja que a su vez estaba integrada dentro de otra burbuja mayor. Y jamás sabías realmente cual era el trabajo espiritual que los demás estaban haciendo alrededor tuyo, ni como evolucionaban, ni cuales eran sus consignas o indicaciones, etc. De este modo, quien parecía mostrarse más distendido tal vez era en verdad el que más en guardia estaba.

Prueba de ello es el hecho de que Gabrielle utilizaba a todos los miembros de la tribu para que interactuasen entre ellos, sin que nadie supiera nada del otro.

En efecto había un método terapéutico de gran calibre que denominaba los psicodramas, y que utilizaba según le convenía. El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra “psicodrama” como una “técnica empleada en la psicoterapia de grupo que se efectúa mediante la representación por los pacientes de situaciones dramáticas relacionadas con sus conflictos patológicos”. Se trataba efectivamente de unas puestas en escena que tenían como objetivo causar un gran impacto emocional en quien estaban destinadas, y que Gabrielle utilizaba en mayor o menor grado para lograr sus objetivos.