Mis años en una comunidad budista cerrada

Hacer o no hacer … las maletas

En aquel momento pensé hacer las maletas y largarme de allí para siempre, porque vi que me estaba convirtiendo en un vasallo del Rinpoché, que el sistema de «inteligencia» en el que yo mismo participaba me estaba enredando en una trama agonizante en la que la única forma de mantenerme emocionalmente estable era consentir todo lo que el Rinpoché desease.

No hablé con nadie de esto, nadie sabía que lo de la venta del piso era mentira. Pero no eran tontos y alguien se dio cuenta que yo ocultaba algo y supusieron que era una cuestión de amores.

Sorprendentemente el Rinpoché me citó varios días seguidos a su consulta privada con el fin de eliminar alguna carga negativa que había rondando por allí. En los pases que hacía con las manos por mi cuerpo para «sacar» le negatividad, varias veces pasó por encima de mis genitales. Después de los pases me sermoneó sobre lo negativo que era para un monje joven como yo las relaciones con las mujeres. Me quedé literalmente petrificado y bloqueado debido a que la mentira sobre la que se sustentaba mi defensa (la venta del piso) era, según el Rinpoché, un obstáculo para mi completa integración como su asistente privado y personal.

La última vez que me llamó aquella semana, era ya muy tarde, después de cenar y hacer todos los rituales de limpieza en el monasterio, justo cuando ya nos podíamos ir a la cama. Entré en la consulta donde atendía a sus clientes y él estaba sin camisa y fumándose un puro. Me dijo que me sentara en el taburete habitual para una limpieza porque había oído que algo no me iba bien. Al final de los pases (en los que otra vez pasó por encima de mi entrepierna), me dijo que lo acompañara a su habitación, que había encontrado algo raro y necesitaba unas herramientas para seguir la limpieza.

Yo lo seguí como hipnotizado. Mi peor sospecha se confirmó. Cuando llegamos a su habitación, después de montar un circo con un rosario, una velas y unas imágenes de unos santos brasileños barbudos, se sentó en la cama, me hizo sentarme en el suelo frente a él, se levantó los hábitos, cogió mis manos y las puso en su entrepierna. Me dijo que me imaginara que estaba sólo, que su pene era como el cetro del Rinpoché y que a través de él su energía pasaría directamente a mi.

Esto lo recuerdo como si fuera un sueño, yo no tenía voluntad para negarme, ya que él era mi gurú y todo lo que decía era verdad. La mentira de mi piso, la conversación que oí en el WC y la constatación de que la gente que se negaba a su voluntad eran perseguidos y anulados; todo esto era un laberinto en mi mente, estaba atrapado. El Rinpoché era dueño de mi voluntad. Me explicó muy amablemente que aquel ritual era muy común en la India, pero que era secreto, que una vez realizado no debía ni tan sólo pensar en ello. Además iba a correr un riesgo muy grande para su vida y su salud, pero estaba dispuesto a correrlo porque el resultado, según decía el oráculo, era bueno, para mi y para el monasterio.

Aquella noche sólo llegó a tener una erección y a descargar en mis manos. Se suponía que yo debía recibir una descarga de energía pura directa. Sólo sentí un asco que casi me hace vomitar. Me dijo que era normal al principio y que me fuera acostumbrando a ello, ya que, si todo iba bien, mi piso se vendería rápidamente, con el dinero me podría costear mi manutención en la comunidad durante 4 o 5 años y que en ese tiempo yo sería su asistente personal, día y noche.

Al salir de su habitación me volví y vi como suspiraba profundamente mientras se encendía un puro habano enorme. En las escaleras me encontré con otro de los asistentes, que me sonrió con una complicidad a la que no estaba acostumbrado.

Me duché y volví a mi habitación. Me senté a meditar. Aquello era el principio. En cuanto me negara a seguir adelante, mis supuestos hermanos espirituales me harían la vida imposible hasta que yo cediera a tener sexo directo con el Rinpoché.

Comprendí que el karma es acción y actué

Recogí todas mis cosas y me marché a mi casa. Nunca más he vuelto a la comunidad. Ni recomiendo a nadie que vaya nunca a ese lugar.