Mis años en una comunidad budista cerrada

Conflictos con familia y amigos

Otra cosa me sucedió fue que mi familia empezó a ponerse muy pesada para que pasara algunos fines de semana con ellos. Alguna vez pedí permiso para ir a comer con mis padres a una torre que tenían a las afueras, pero el responsable de los voluntarios siempre ponía mala cara y decía que si lo hacía mucho más debería cambiar mi compromiso con el monasterio. Además insistían en que si quería ver a mis padres, lo hiciera los días laborables o que los invitara a subir a la comunidad algún sábado o domingo.

Así lo hice, mis padres fueron a la comunidad, visitaron el museo, participaron en una sesión de relajación y comieron con la comunidad, pero no se me permitió verlos más de 30 minutos, porque mi compromiso con el voluntariado me tenía muy atareado. En realidad me empezaba a dar igual lo que pensaran mis padres. Cuando el lunes me llamó mi madre muy enfadada conmigo yo le expliqué que eso era debido a la energía negativa que le surgía por estar cerca de tantos buenos practicantes. Ella me gritó que eso eran sandeces y que me estaba metiendo en una secta. Yo también le grité y colgué el teléfono.

Con los pocos amigos que me quedaban me pasó parecido, aunque no tan violentamente. Poco a poco dejaron de llamarme. Alguno subió allí por curiosidad, pero no volvió (ni tampoco volvió a llamarme más).