La idealización del yoga …

Además de esta chica, habían otras alumnas que no estaban nada bien, una justo   se estaba separando de su marido y tenía también dos hijos, otra chica era alcohólica y su expareja se había suicidado, tenía problemas de personalidad, tan pronto lloraba como se reía o gritaba o se marchaba de la clase dando tumbos, muy perturbada, otra señora mayor con depresión crónica, otra chica con problemas de sobrepeso y muy baja autoestima, etc.

Esto me hizo dudar y le comenté a mi profesor de yoga que no me había gustado nada este intensivo (que valía 260€ el fin de semana). Suerte que no pagué ni un duro, él me invitó pero  a cambio quería idolatración y como no, contacto sexual.

Otro día me invitó a una clase de tantra. A parte de ser formador de profesores de hatha yoga -en tanto que profesor acreditado por la AEPY o Asociación Española de Practicantes de Yoga-, también forma profesores de tantra.

En la clase lo pasé fatal, teníamos que vendarnos los ojos, bailar y tocarnos unos con otros. No me gustó nada. Me sentí muy incomoda. Además mi profesor de yoga me metió mano de manera muy obscena, como todos estaban con los ojos vendados se aprovechó. Le dije que me sentía mal, que no me gustaba y que parase. Él me decía que me echaba de menos, sabía jugar muy bien con mis sentimientos, sabía perfectamente que me había empezado a enamorar de él. Me arrepiento no haber gritado aquel día en aquella clase de tantra para tener testimonios que estaba delante de un viejo verde y de un profesional practicante   de yoga que no cumple con el código deontológico de su profesión.

Este fue el primer día y el último que hacía clases de tantra. También le dije a mi profesor que no me había gustado nada. Era un charlatán y aparte de estas prácticas de tantra nos habló del concepto del apego.  Aunque no tenía ni idea de exponer un concepto o una idea, sólo nos explicaba sus batallitas personales, y sus “relaciones tóxicas” con exparejas.