La idealización del yoga …

Todo un cóctel perfecto para ser víctima de este estafador y manipulador sin escrúpulos.

No sospeché nada raro en que no me cobrase sus «terapias» pensé que me quería ayudar y que era «buena» persona, más adelante descubrí que no me quería cobrar monetariamente pero sí en carnes. Empezó a invitarme algunos días a su casa, yo me sentía especial, claro, me había invitado a mí, su alumna – paciente. Solía invitarme cuando no estaba la madre de su hijo pequeño. Recuerdo que me llamó la atención el hecho que tenía una amplia biblioteca … pero repleta de libros de un solo autor, Osho. Qué extraño, pensé, ¿quien tiene libros de un sólo autor?. Sí, me sedujo. Y terminamos intimando. A la vez, me hablaba que quería hacer una ecoaldea, que él sería el responsable, que yo podría ayudar mucho …

No sé muy bien explicar cómo me enamoré de él, supongo que necesitaba cariño, y él parecía que me lo ofrecía. Me decía que me echaba de menos cuando había cerca algún evento de los suyos porque tenía problemas de quórum. A mi ésto me hacía sentirme un poco extraña, ¿me invitaba porque era alguien especial para él? ¿O bien porque necesitaba llenar la sala?

En primavera, me invitó a un retiro de «crecimiento personal» dónde había un profesor más de “coaching”, junto con su mujer. Los tres nos daban clases, uno de ellos técnicas un poco extrañas, a la vez que era muy carismático: nos teníamos que atar con cuerdas unos con otros y caminar por el bosque, no podíamos hablar durante la comida, teníamos que hacer visualizaciones que él nos ordenaba, etc. La otra profesora nos hacía danza, y teníamos que bailar la música que nos ponía haciendo coros y realizando movimientos, a veces muy bruscos, al final nos sentábamos en coro y cada uno de nosotros teníamos que explicar nuestras vidas.  Al día siguiente mi profesor de yoga nos hacía unos pranayamas (respiraciones) y kundalini. Pero yo para el segundo día ya no estaba porque decidí irme el mismo día por la tarde (suerte que llevé mi coche y por lo tanto tenía libertad para marcharme cuando quisiera).

Aquel día en el intensivo vi cosas muy raras, a parte de estas «prácticas» extrañas, vi como mi profesor de yoga también intimaba con otra chica, una chica que también lo estaba pasando mal con dos hijos pequeños, una niña de 3 años y un niño de 8 años. Sufría violencia de género por parte del padre de sus hijos y era una persona que no podías mantener una conversación con ella, estaba muy débil. Esto me dejó muy mal, empecé a pensar si mi profesor de yoga estaba jugando con nosotras…