La idealización del yoga …

Yo, ingenua de mí, no me creí literalmente lo de las 4 sesiones pero confiaba en él porque me gustaba como profesor de hatha y pensé que me quería ayudar. En sí, mi profesor tenía buena fama, tiene muchos años de experiencia en el mundo del yoga y se ha hecho un camino profesional al parecer bien reconocido y muy valorado en este sector.

Cuando empecé a ir del yoga a otras “terapias”, él me ofrecía hacerme mi carta astral o la de mi hija pero yo me negué porque le comenté que era atea. En cambio, era más abierta en otras prácticas que me realizaba para tratar mi dolencia (reiki, técnicas de chamanismo, visualizaciones, soplar piedras, etc.); tenía que imaginar que era un águila, un leopardo, una serpiente, etc.

Era una persona que te abrazaba mucho, a veces me sentía incómoda por tantos abrazos y que muchos duraban demasiado. Todas estas cosas parecen bastante absurdas la verdad, no me las acababa de creer, pero poco a poco, sin ser consciente de ello, los abrazos iban a más.

Él sabía toda mi vida, claro, se la conté porque pensé que era mi terapeuta y que podía confiar en él. Él sabía que no tengo apoyo familiar, que estoy sola, tenía problemas de convivencia con mi pareja y no nos poníamos de acuerdo con la crianza de nuestra hija. Además me querían echar del trabajo y soy una persona de bajos ingresos económicos, no tengo una buena relación con mis padres y justo estaba en una etapa muy delicada de mi vida que es la maternidad.