El control férreo de los adeptos en TVIND

– Cuando alguien quería asistir a la graduación de un familiar, la respuesta podría ser: “Si, pero tu hermano también podría graduarse sin ti, ¿verdad? ¿qué es más importante que tu hermano se gradúe o que tú termines el trabajo aquí?”

Esto se llevaba a tales extremos  que Stina llegó a sentir fuertes remordimientos de conciencia por dedicar siete minutos del “tiempo común” para regar las plantas cada mañana. Cuando Stina se encargó de la contabilidad se hizo con un papel central dentro de la organización. Ella pagaba el dinero para los gastos. Stina mantenía contacto diario con Amdi Petersen quien a diferencia de otros revolucionarios izquierdistas comprendió la importancia del control de la economía. Él debía autorizar cada gasto personalmente.

– Llamaba a Amdi cuando debía pagar dinero y el podía decir: “es algo particular?” Y ya respondía que no, que se trata de Elsie que tiene que ir al dentista. “¿Dentista?” Cree Ud. que la gente en países en vías de desarrollo va al dentista?” Y entonces todos dejamos de ir al dentista.

A finales de los años setenta, tras haber sido el favorito de la prensa, el viento cambió y la opinión se les volvió en contra al movimiento Tvind. Entonces Amdi Petersen prohibió a los miembros de la secta leer el periódico y ver la televisión, y desarrolló una imagen amenazadora que unió sólidamente al grupo.

– Más tarde llegué a entender algo del mecanismo opresor. Primero casi nunca nos dejaban dormir lo que es un método efectivo para mantenernos bajo control. Luego resultó que nunca lo hacíamos bien. Me encontraba en una situación en la que tenía que defenderme continuamente y el se encargaba de que saliera mal cualquier cosa que hiciera. Esto es no se puede aguantar, afirma Stina.

El Grupo de Profesores celebraba asambleas generales donde se suponía que había “democracia real”, todos tienen que ponerse de acuerdo, si no, no termina la asamblea. En estas situaciones Amdi Petersen se encontraba a gusto con su carisma y su capacidad verbal. Hacía propuestas creativas que fueron recibidos con aplausos y luego aceptados. Si una vez alguien se oponía a Amdi Petersen él tardaba tres días para imponer su voluntad, explica Stina Fernström.

Las asambleas podrían  ser un acoso moral prolongado en el tiempo. Los que son hermanos son los únicos que conocen el amor verdadero, todos los demás viven de imitaciones, enseñaba Petersen a sus seguidores. Al mismo tiempo, también eran enemigos unos para otros, se controlaban mutuamente y se criticaban en las asambleas generales porque así no se les podía criticar a ellos.