El control férreo de los adeptos en TVIND

-Una se convertía en un maestro del doble juego y aprendía a ponerse una máscara en la medida que una actuaba siempre como si supiera de qué se estaba hablando, afirma Stina. Stina sabía que era difícil salirse de la secta, romper las ataduras psíquicas. Después de que dejara la secta en Navidades tardó dos años en volver a atreverse a ir a la ciudad. Había vivido en casa de un viejo amigo del mundo del teatro, es decir de antes de la secta. Nadie sabía que estaba allí, ni si quiera la madre de Stina. Aún así, la secta llamó a la casa del amigo para preguntar por Stina. Un día topó en Ahlens con su antigua amiga que actualmente sigue en el Grupo de Profesores.

-¡Stina!

Se saludaron.

-¿Stina, no debíamos ir a llamar a los otros?

Como sonámbula  Stina siguió a Marja hasta la cabina de teléfonos. Marja buscaba una moneda para llamar a Amdi Petersen. No encontró ninguna.

-Espérame aquí, voy a cambiar, dijo.

Entonces se rompió la impotencia. Stina le puso la mano en el brazo de Marja:

– Marja, no es una buena idea. No te voy a acompañar hasta allí. Yo me voy.

Juan Flores & Nuri Kino. Original en “Die Sekte hält die Mitglieder in einem eisernen Griff”.  Dagens Nyheter, 30.12.2001. Traducción y adaptación al español: Henk Meyer y Miguel Perlado