La dictadura del padre

Sucesivamente establecen empresas propias en los grupos de ciudad. La mayor parte de las ganancias va destinada a la expansión de Friedrichshof, en Gomera compran la cala El Cabrito.

Agathe Brugger: “Trabajamos 14 horas al día y logramos altas ventas. Yo no he ganado nada con esto.” En la primera época de la comuna, la distinción entre “duende de familia pequeña burguesa” es válida para personas fuera de la comuna y para miembros “conscientes” dentro de la comuna. Luego se traslada esta diferenciación al interior de la secta. Quien sigue la ideología de Mühl está bien considerado, quien se rebela se ve confrontado con la exclusión social.

Otto Mühl ha ido refinando las diferenciaciones y las desarrolla hasta un sutil sistema de opresión que funciona a la perfección. Amigos se convierten en competidores, que se denuncian, controlan, y se ponen trabas los unos a los otros. Los que están arriba en la jerarquía, disfrutan de privilegios. Su influencia es decisiva en la dirección del conjunto de empresas y pueden dar ordenes a los que ocupan posiciones inferiores en la estructura.. “Alguien que no estaba de acuerdo con la euforia general, sólo podía estar loco, en opinión de los demás. A mí me declararon loca en muchas ocasiones”, afirma Agathe Brugger.

En 1984, Mühl ya apuesta todo por la educación colectiva de los niños. Separan a los niños de sus madres para educarlos en grupo por madres de sustitución. Hasta la disolución de la comuna (en 1975 se empieza a llamar AAO), se considera completamente superfluo a la figura del padre, con una excepción: Otto Mühl, “padre de todos los niños”. Luego también se introduce la jerarquía entre los niños, el superior es Attila, el hijo de Mühl. Cuando Mühl lo considera necesario, por ejemplo cuando los niños asustados se encogen de hombros, también ejercen violencia corporal contra los niños. “Los niños son en realidad los que más sufren en la comuna AAO, sí, los niños, las chicas”, dice Agathe Brugger.