Abandonando el jardín adventista

Pero, en contraste con mi certeza sobre lo que no creía, tenía muy poco en cuanto a creencias positivas. La segunda década de mi vida la pasé en una búsqueda más o menos errante de algo que nuevamente pudiera considerar como verdadero. Siendo aquélla la década de 1970, era un momento interesante para una búsqueda como ésta. Aquello definitivamente tenía sus altas y sus bajas. Durante un verano, pasé seis semanas en un hospital estatal, obsesionado con el suicidio. Aunque no puedo decir que el tratamiento que recibí me ayudara mucho, la experiencia fue definidamente interesante para mí, e indirectamente me puso en la ruta que me condujo a una carrera trabajando con la clase de gente terriblemente afligida que primero encontré allí.

Poco después de mi estada en el hospital, conocí a una mujer no adventista, con la cual me casé algunos meses más tarde. En ese momento, los dos estábamos bastante perdidos. Mirando hacia atrás, al curso aparentemente desastroso de los acontecimientos en cada una de nuestras vidas que condujeron a nuestro encuentro, parece un milagro. He sido bendecido al tenerla a ella a mi lado a través de todos los lances y todas las vueltas y, a veces, callejones sin salida, que ha experimentado mi vida durante el más de un cuarto de siglo en que hemos estado juntos.

Poco después de mi matrimonio, tomé un curso de yoga en la extensión de una universidad estatal. Era dictado por un ministro. No habiendo conocido a nadie que no fuera ministro adventista, no podía imaginar qué relación podría haber entre un ministro y algo tan anticristiano como el yoga. Me enteré de que el ministro era el pastor de una Iglesia Unitaria-Universalista local, y convencí a mi esposa, que entonces era episcopal, para que visitáramos esa iglesia para averiguar de qué se trataba esta extraña religión. Para mi gran asombro, al final del servicio, la congregación se quedó en la iglesia para discutir el tema del sermón, y de hecho, cuestionar algunos de los puntos que había presentado el pastor. En el Unitarismo-Universalismo, había descubierto una forma abierta de espiritualidad que estimulaba activamente el debate sobre temas controvertidos, algo que yo no podría haber imaginado como adventista. Me convertí en miembro activo de la iglesia muy rápidamente.