Sai Baba: los descubrimientos

El que era entonces coordinador de la organización de Irlanda estaba con Faye y conmigo en ese momento, y otra señora que tenía una sortija de Baba en la que se podía ver una ‘cara’ reflejada (atribuida a Baba porque era pequeña y redonda con una melena negra a lo afro). El joyero nos mostró como esas sortijas eran hechas. Un pedazo de vidrio de color, tiene un pequeño pedazo de papel plateado por atrás que hace que a ciertos ángulos se refleje el color de la cara de quien lo está mirando. Esto está rodeado por un círculo de esmalte negro que da la impresión de cabellera. El desmontó la piedra de la sortija y nos lo comprobó.  El coordinador de Irlanda tomó fotos de los dos anillos. Cuando regresó a Irlanda renunció y dejó la organización.

Cuando Sai Baba decide darle a alguien una túnica en la sala de entrevistas, lo hace para encubrir que va en busca de más bisutería de su bodega en el cuarto del fondo. Más de unas cuantas veces, Faye y yo hemos oído el sonido de gavetas y el tintinear de objetos de metal siendo movidos. El regresa con los objetos escondidos y hemos visto como los transfiere de debajo de la túnica que pone sobre su regazo a su mano derecha – es tan obvio cuando uno se fija – y luego hace el movimiento con su mano para que aparente ser una materialización. Su silla de terciopelo contiene objetos escondidos a los lados. Nosotros los hemos visto y después hemos observado su juego de manos cuando los saca del escondite.

Pero, aún antes de ver estas cosas, ya yo estaba teniendo dudas de la autenticidad de las supuestas manifestaciones de Sai Baba.  Durante mi segunda entrevista una de las primeras cosas que noté que me causaron molestia fue el hecho de que una de las personas presentes le pidió que le reparara la cadena de su japamala  (rosario hindú) y a otra persona se le había perdido la piedra de una sortija. El no hizo nada en el momento, sino que les dijo: “No, no, yo cambio por nuevo mañana”.  Yo encontré esto asombroso. ¿Por qué, si él podía crear lo que quisiese por voluntad propia, como me habían dicho, no sopló estos objetos y los arregló? Ya ahora sé por qué. Porque no puede.

Curaciones

Una vez, Faye y yo tuvimos una entrevista en la compañía de un señor hindú de avanzada edad que lucía físicamente muy débil. El señor le pidió a Sai Baba que lo ayudara con su salud. Swami, a espaldas de él, encogió sus hombros como si no le importara, diciendo en un tono que para nosotros dos era algo insensible: «¿Y yo que puedo hacer? Cáncer. Demasiado avanzado, demasiado avanzado.»

Faye tuvo su propia experiencia al seguir fervientemente los consejos de Swami sobre su salud y esto casi que le causó un daño permanente hasta que decidió atenderse mediante un tratamiento médico occidental.