Sai Baba: los descubrimientos

Durante las siguientes entrevistas, mientras continuaba creciendo mi horror, observaba lo mismo una y otra vez y rogaba continuamente preguntando: ¿Por qué? ¿Por qué hacer eso? Estos juegos de ilusionista destruyeron totalmente mi confianza en un ser que se esperaba que estuviese practicando lo que predicaba. Pero los trucos de mago eran lo de menos. Según fue pasando el tiempo y las personas comenzaron a compartir con nosotros sus propias experiencias y descubrimientos, mi mundo de espiritualidad centrada en el divino-gurú se me desplomó.

Cuando aún estaba en el ashram, lo peor para mí -como madre de hijos varones- ocurrió cuando un joven, estudiante del colegio, llegó a nuestra habitación rogándole a David: «Por favor, señor, haga algo para que deje de molestarnos sexualmente ( ! ). Estos hijos de devotos, sin poder sobrellevar su indefensible situación de tener que continuar siendo renuentes participantes en un caso de pederastía y sentirse incapaces de compartir esto con sus padres porque no les creerían, pusieron su confianza en David; confianza que se había generado tras cinco años en los que David estuvo de profesor visitante de música en el colegio Sai. Esa misma noche, un poco más tarde, el mismo joven regresó a nuestra habitación con gran angustia, implorándole a David que no fuese a revelar su nombre por miedo a que lo fueran a expulsar del colegio y con un temor aún mayor por su vida si se llegara a descubrir que él había hablando de estas cosas. David pudo asegurarle que él verdaderamente ni sabía su nombre, por lo que no podría identificarlo y, aunque pudiese, nunca lo haría. Pero esta interacción y esta espantosa revelación era solamente la punta del témpano de hielo de la asquerosa información, una témpano que golpearía e inundaría nuestros años de ciega devoción.

Al hacernos más y más conocedores de la actividad sexual de Sai Baba conectada con la violación de los derechos humanos básicos de los niños (tan pequeños como de siete años) bajo su tutela y al crecer la lista de engaños, uno tras otro, de actividades que partían de él, nos dimos cuenta de la profundidad de nuestra propia inversión emocional. También nos dimos cuenta de la devastación que estos descubrimientos nos causaron. Estábamos en una indefendible situación, incapaces de correr el riesgo de crear un caos similar en otros buscadores espirituales que habían invertido lo mismo. Lo único a seguir era decir my poco y salirnos, lo que causó un frenesí de ira y una proliferación de falsos rumores acerca de nosotros.

El año pasado, David sintió que ya era apropiado que él compartiera sus descubrimientos cuando fuese cuestionado personalmente, pero el dilema de si a hablar o no me mantenía dolorosamente a prueba. Sentí muy profundamente la responsabilidad de tener este conocimiento negativo, reconociendo que el silencio me convertía en parte de la conspiración. Sin embargo continué rezando por que, con el correr del tiempo, de alguna manera, todo fuera explicado satisfactoriamente. Pero no fue así.