Sai Baba: los descubrimientos

Personas desilusionadas de toda índole que también han encontrado lo que hay detrás de la fachada -incluyendo ex-alumnos de los colegios Sai, jueces, doctores, ministros de gobiernos en Europa, las Américas, Australia y más- están de acuerdo en que éste es el momento de compartir sus descubrimientos. Hay cientos de relatos personales que le arrancan la máscara al «avatar». Les presento sólo unos cuantos. Debido a la verbosidad de algunos de los contribuyentes, he editado la información, pero no he alterado el contenido. Los que han contribuido han dado permiso para ser citados e identificados. Los relatos que siguen son meramente una fracción de los disponibles. Todos describen una situación que ha estado ocurriendo por muchos años. Esta es una oportunidad de hacerse consciente de ello, tomando así una posición de facilitar información escogida, en lugar de una posición proveniente de ignorancia.

Voy a comenzar con mis revelaciones propias. Los que leyeron mis libros y los de David (escritos antes de nuestros descubrimientos y desde entonces removidos de la venta al público por nosotros mismos), conocen nuestra historia. Lo muy devotos que éramos de Sai Baba, hasta llegar al punto de casarnos, aunque éramos totales extraños de opuestas partes del mundo y como viajamos por el mundo contando sus maravillas.

Entonces ¿qué hizo que todo cambiara?Cuando el lado oscuro de Sai Baba se le comenzó a revelar a David, me negué a oírlo, no sintiéndome capaz de poder oír nada negativo acerca de mi amado «avatar de la era». Esta infeliz situación continuó por seis meses hasta que, en la siguiente visita a la India, pude obtener mi propia evaluación de los descubrimientos de David. ¿Pueden imaginarse cómo me sentí según fui viendo más allá del velo? Por años había disfrutado el privilegio de ser llamada a la sala de entrevistas y pasé cada momento allí enfocada solamente a la faz de Swami; hasta que David me sugirió que cambiara mi atención a sus manos. El ver los anillos, relojes y chucherías ser palmeados o extraídos de los lados de los cojines de la silla, el ver las tabletas de vibhuti aguantadas entre sus dedos antes de ser pulverizadas y «manifestadas» fue una horripilante revelación y una catástrofe personal para mí. Yo había dejado todo en la vida, mi matrimonio, esposo, hijos, hogar, profesión y patria por mi amor a Sai Baba -sólo para encontrar embuste en el epicentro de lo que era más querido para mí.