Mi experiencia con un charlatán

El terapeuta me pidió un par de sesiones más para cerrar el “proceso terapéutico”, porque no se puede dejar abierto, con la vulnerabilidad que eso significaría. De hecho él recomienda no interrumpir el proceso, excepto en situaciones especiales: la falta de dinero no le pareció situación especial, pues “cada persona tiene sus prioridades y tú dejando la “terapia” estás mostrando las tuyas”.  Estas palabras ahora se ven manipuladoras, pero en ese momento, con esa suavidad, con esa imagen de terapeuta vestido de blanco, sereno, con esa voz amable que te transmite “yo soy amor, yo quiero tu bien” te las crees.

Tras la ruptura he vuelto a ir al terapeuta para la última sesión de cierre. Me sorprendo enormemente de mi misma. Con tan solo 2 horas de “terapia” vuelvo a dudar de mi hipótesis de terapeuta malévolo. Me encuentro a mi misma pensando que él como cualquier psicólogo va con buena fe pero comete algunos errores. Dejadme que os cuente esta última sesión. Entro en la consulta y le digo “Mi pareja me ha dejado, estoy muy triste, no sé por qué me ha dejado”. Él terapeuta se solidariza conmigo, tras un rato de silencio, vamos a ver qué causas puede haber. Me pregunta: “¿Cuando decidiste dejar la “terapia”, se lo dijiste?” Yo contesto: Pues claro. Tras otro silencio largo: “¿Sabe él como gastas el dinero?” Contesto: ¿Por qué lo preguntas? Él aclara: “Pregunto que quizás él no está de acuerdo con tu manera de distribuir tu dinero mensual, cómo priorizas tus gastos”. Evito una respuesta frontal contestándole que soy una persona muy ahorradora y no puede tener queja de que gaste mal mis ingresos.

La conversación que ahora os narraré tiene partes buenas, me refiero a que entremezcla verdades con manipulaciones, de manera que tu dices un “si”, luego otro “si”, un tercer “si”, y a la cuarta cosa que te dice también dices “si”.  Tened en cuenta, además, que estoy triste por la ruptura sentimental que he tenido, me pasé la mayor parte de esas 2 horas llorando.

“Tu, no te has dado cuenta de las cosas. Eres poco observadora. No te preguntas por qué las cosas no han salido bien”. (Yo asiento, tiene razón). “Piensa en cómo influye tu manera de ser en el mundo que te rodea.  Tu no quieres recorrer el camino terapéutico de enfrentarte a ti misma”.

“Las cargas que llevas no son tan fuertes como para impedirte vivir. De hecho tu llegaste aquí  no como la mayoría de los pacientes que llegan a mi consulta que están mal muy mal. Tu viniste por curiosidad, porque tu pareja te había dicho lo bueno que era hacer la “terapia”. Pero tu puedes seguir viviendo, aunque no eres feliz, te lo pareces. Por tu forma de ser, discutidora, buscadora del debate y la lucha intelectual, así no puedes ser feliz. Tu has venido aquí sin creer; tu no has hecho nada en estas 8 sesiones”.