Me rompieron la vida

Esta técnica, que a mí me daba terror, ya que cualquier cosa podía ser utilizada en tu contra y en el ambiente de culpa, condena y rechazo que se propiciaba al que recibía los regalos del grupo, la gente que recibió este tipo de experiencia, nunca ya volvió a ser la misma, convirtiéndose en personas, miedosas, serviles, con sentimientos de inferioridad y además agradecidas a las personas que más daño les habían hecho. Totalmente destrozadas les he visto después “agradecer” a la Maestra el “honor” de haber sido “agraciadas” por su infinita bondad con ese “tratamiento purificador”. De esta manera la maestra quedaba como alguien compasivo, por el sólo hecho de mirarte a la cara con lo malvada y repugnante que se había demostrado que esa persona era. Como cuento, me producía terror y tardaba semanas en borrar el recuerdo de mi memoria y aún en este mismo instante, sabiendo que yo he sido partícipe de semejante barbaridad, me invade un sentimiento de horror, difícil de describir. Yo tuve la inmensa suerte de no ser víctima de este “tratamiento”.

De lo que sí participé en multitud de ocasiones, tal vez por ser hombre ya que había pocos, fue de los “teatros”.

Los teatros, eran una especie de psicodrama, en el que salían dos “personas voluntarias”, que tuviesen ganas de sanar su karma y ser ejemplo de valentía y entrega para sus compañeros. La Maestra tenía  varios preferidos para el teatro, por su agresividad y por la forma en que se transformaban cuando actuaban. Se convertían en auténticas bestias, de las que a menudo te tenías que defender, no sólo verbalmente, sino de agresiones físicas, con empujones, zancadillas, tirones de pelo, golpes con todo tipo de objetos como cojines, almohadas, papeleras, cuadernos, etc…he visto vaciar de forma humillante papeleras llenas de residuos en la cabeza de algunos de los “actores” que totalmente paralizados por el terror, no se podía defender incluso de los empujones, agresiones verbales como “puta”, “hijo puta”, “guarra”, “cerdo”, “machista”, “tu madre era una puta”, “tu padre un maricón como tú”, que venían no sólo de una persona sino de en ocasiones de hasta cuatro o cinco personas a la vez.

Lo único que no había eran agresiones como puñetazos, pero sí revolcones por el suelo. He visto a un chico de casi cuarenta años derribar al suelo a un compañero con una cojera (había sido víctima de la polio), con más de cincuenta años y que pesaba 20 kg. menos que él. Cuando lo tenía inmovilizado en el suelo le gritaba con sadismo: «¿te rindes cabrón?».

He visto “actuar” hasta a menores de edad, que al principio entraron al teatro como si fuese un juego, pero después terminaron destrozados, histéricos, llorando, al escuchar cosas como “tu verdadero padre soy yo” (uno de los actores al niño), cuando este estaba ya llorando y gritando “no es verdad, tú no eres mi padre, mi padre es aquel” “ese no es tu padre, es un mentiroso, ¿ves como no dice nada?” ( aludiendo al verdadero padre y éste callado, sin hacer nada).