Me rompieron la vida

Hablaré del peligro físico.

Las meditaciones de Osho, se basan en su mayoría en la hiperventilación.

Esta técnica de meditación, consiste en respirar, inspirando y espirando a gran velocidad, pequeñas cantidades de aire, lo que produce una intoxicación neuronal por exceso de oxígeno que puede provocar, estados alterados de conciencia, alucinaciones, hipoxia, taquicardias, vahídos y shock. Este tipo de meditación llamada “Chakra Breathing”, también inventada por Osho, la hemos hecho en medio del monte, con nieve hasta los tobillos, a temperaturas bajo cero, a las 7 de la mañana y nevando. También hemos realizado esta meditación lugares como un acantilado rocoso con una caída libre al mar de 15 metros, sin ningún tipo de barandilla ni protección y con los ojos cerrados. En aquella ocasión a un compañero mío le dio un ataque de pánico. Lo superó, sin que por ello los demás interrumpiésemos la meditación. La Maestra le gritaba mientras tanto: «¡Entra en el miedo a la muerte, no te escapes!».

También he visto a una compañera ser golpeada en el suelo por la propia Maestra en una de estas meditaciones. Mi compañera recibía patadas en la espalda, derrumbada en el suelo con un visible fallo respiratorio, diciéndole a la Maestra “no puedo más, lo siento, no puedo seguir, no puedo respirar, me ahogo…” y la Maestra mientras la golpeaba le gritaba “jódete, jódete, no te entregas, ríndete…”. En otra ocasión en una meditación de dibujo, a otra compañera que no le salía el dibujo y se enfadó, llegando a darle un ataque de histeria y mientras enloquecida golpeaba con su cartulina el dibujo fallido contra el suelo, la Maestra la golpeaba con el pie en la espalda, mientras le gritaba“jódete, jódete, a mí no me seduces como a tu padre…”. 

A mí mismo llegó a golpearme en la cara, en una meditación en la que con los ojos vendados, teníamos que hablar en “giberish”, que es un idioma verbal en el que se dicen palabras sin sentido a gran velocidad, tomado también de las meditaciones de Osho, que producía un sensación de desorientación y estado confusional. En aquella ocasión, yo estaba por la sala de meditación a cuatro patas por el suelo andando y hablando sólo, cuando sentí un grandísimo bofetón en la cara mientras me decía “no intentes pegarte a nadie como una lapa y entrégate a la meditación, que te conozco…”. No reaccioné, pero sentí tan gran humillación que no pude hablar en un día entero. Me quedé en el suelo sentado impotente, como alelado, confundido y dolido. En otra ocasión en una meditación, totalmente desnudos, en la que nos peleábamos unos contra otros dando alaridos, por periódicos viejos (nos decía que éramos mendigos defendiendo nuestras posesiones) en medio de un terrible ambiente de agresividad, propiciado por sus gritos y la música de tambores africanos que ponía a gran volumen, nos  peleamos todos con gran violencia, terminando con torceduras, hematomas y magulladuras de mayor o menor grado. La Maestra ordenaba “¡las chicas a por fulano!” y todas las chicas, iban a por fulano, totalmente desnudas, a tirarle al suelo como locas y a arrancarle su periódico que para él, era de una trascendencia tal, que habría matado por defenderlo. Otra orden:”¡los chicos a por mengana!…” y algunos chicos la defendían, otros la empujaban, la tiraban del pelo o lo que fuese. La sensación de terror era de tal calibre que cuando terminábamos la meditación, yo creo que nos encontrábamos tan bien sólo por el simple hecho de haber terminado aquella barbaridad.