Crecí en una secta pseudojunguiana

Ha sido precisamente en una de esas luchas y contiendas que hace apenas unos meses he reencontrado mi yo oculto y negado durante tanto tiempo. No he necesitado hacer ningún psicodrama ni ninguna puesta en escena para encontrarle. Simplemente vino solo, y para mi ello significa que evoluciono correctamente, y que puedo superar muchos de los retos que tímidamente afloran y toman forma en mi día a día. Siendo yo reivindico mi innegable derecho a ser el dueño de mi vida y también me libro, con vehemencia incipiente, de una identidad moldeada a base de lo que otros hicieron de mí.

Ahora no todo es perfecto, pero es real. Decididamente impertérrito, dejo que mi nueva identidad vaya tomando forma mientras navego con más soltura por los efluvios de la vida, sabiendo que soy yo esta vez el que controla mis impulsos, mis emociones y mis deseos.

Y es que al fin puedo abrir los ojos y soñar sin miedo. Al fin puedo amar, sentir, y saborear hasta la saciedad si quiero ese delicioso placer que produce el saberse indudablemente libre. En cuerpo y en mente.