Crecí en una secta pseudojunguiana

Todo ello radica en una explicación de Gabrielle que decía que cualquier pareja formada fuera de un trabajo de  su «psicoanálisis» está predestinada al fracaso: son “pequeñas parejas neuróticas” (en las que el hombre proyecta la imagen de mamá sobre ella y viceversa con la del papá). Un círculo cerrado que no conduce a ninguna evolución.

Así pues, por encima de nuestros sentimientos, solo ella podía hacer y deshacer las parejas, dictando según le convenía quien estaba preparado para casarse o por el contrario quien debía separarse, diciendo que pareja o mujer soltera iba a experimentar la maternidad, etc. En los primeros años, había llegado a formar incluso tríos -siempre dos mujeres que se turnaban con un hombre- o cuartetos en los cuales estaba excluido el contacto sexual. Un trabajo de autocontrol de celos y envidias que calificaba de excelente.

Del mismo modo los niños éramos usados sin saberlo con fines terapéuticos. En efecto otro de los métodos terapéuticos de la gurú consistía en separar a los hijos de sus padres, al considerar que cuando están juntos, éstos últimos les hacen cargar con su neurosis. Así que como comenté anteriormente, no dormíamos con ellos, y pasábamos épocas diferentes a cargo de otras parejas sin hijos o de mujeres solteras, convirtiéndonos así en un “instrumento de evolución psíquica” que les permitiría desarrollar su parte maternal.

Una práctica que sin duda encontraba parte de su fundamento en aquellas palabras de Khalil Gibran que decían “tus hijos no son tus hijos (…) y aunque están contigo no te pertenecen”, pero con una interpretación verdaderamente alterada y personalizada.

Como en tantos otros grupos sectarios de carácter destructivo, es rechazado de manera drástica todo aquél que no comparta la doctrina defendida con un fervor extremo por todos. Así que todo elemento que está fuera del grupo es calificado sin miramientos de negativo y destructivo.

Los niños éramos educados pues desde la infancia con una negación al mundo exterior, que se nos desdeñaba y criticaba en todo momento. “Si algún día sales por tu propio pie al exterior caerás en la desgracia”. Crecimos con los ojos vendados a un universo que durante tantos y tantos años de nuestra adolescencia llegamos a desear hasta idealizarlo. Yo lo idealicé tanto que fui adquiriendo una visión totalmente deformada del modo de vida en sociedad y sus fundamentos, una visión basada esencialmente en esas películas americanas plastificadas que nos quieren hacer creer el cuento de la vida fácil y el amor perfecto. Y es que lamentablemente si esa es la única referencia que tienes, te lo crees.