Mi pareja se perdió en una «terapia de reequilibrio corporal»

Al año siguiente, me dijo con gran orgullo que la terapeuta «le había escogido para hacer una terapia individualizada» con ella, que era algo más cara pero que era un «privilegio».

A los pocos meses, la conducta de mi pareja empezó a ser de una agresividad insoportable conmigo, sacando continuamente a la luz cosas de nuestro pasado que le producían unos extraños resentimientos. Todas sus exigencias eran muy a menudo justificadas con la frase: “Me lo ha dicho mi terapeuta”.

En una ocasión me comentó que los masajes de su terapeuta, le estaban haciendo crecer los pechos, algo muy discutible. Años después he sabido que esa señora es homosexual y que los pechos no tienen músculos que necesiten masaje alguno.

A todo esto, mi pareja no desaprovechaba ocasión para hablar maravillas de su terapia y recomendarla a todo el mundo para cualquier dolencia o problema del tipo que fuera, físico o psíquico.

La convivencia se hizo inroportable poco a poco. Al parecer, por el hecho de no haber continuado yo asistiendo a su terapeuta corporal, «le estaba limitando su desarrollo espiritual». La vinculación con las actividades del grupo fue creciendo día tras día, hasta el punto que empezaba a hacer cosas extrañas a mi entender. Por ejemplo, dar enérgicamente codazos al aire y cuando le preguntaba que para qué hacía eso su respuesta era «para recuperar el espacio que me han quitado mis hermanos»; no obstante, lo llamativo del caso es que mi pareja era hija única, pero ni aún haciéndoselo notar entraba en razón (me decía que eran «hermanos espirituales», de «otras vidas», descalificaba todo lo que decía diciéndome que pensaba desde la razón…).

Empezó a dormir al revés en la cama, es decir la cabeza donde los pies, y me decía que era «para que se dispersara mejor la energía onirica del sueño». Empezó también a combinar los colores de su ropa según unas indicaciones muy precisas que le daban (me parece que decía que era algo así como «estilismo energético»), empezando por la ropa interior, siguiendo unas pautas que le decía su terapeuta y que eran totalmente arbitrarias, aunque siempre con el argumento que así las cosas le saldrían mejor ese día.

Además, empezó a dejar de tomar ciertos alimentos, porque debía seguir unas pautas dietéticas y «energéticas» muy precisas que le mandaba la terapeuta de este grupo.