Mi pareja se perdió en una “terapia de reequilibrio corporal”

Mi pareja había pasado varios años estudiando fuera de nuestra ciudad. A su regreso, retomó la relación con sus amigas de toda la vida, a las que había dejado algo descuidadas desde que se marchó a estudiar fuera. Las amigas estaban haciendo entonces una “terapia” que decían que se basaba en la “antigimnasia”, con una médico de Madrid que seguía una escuela algo peculiar.

Recuerdo que cuando me lo explicó, me pareció algo extraño, porque se veían siempre en grupo, todo eran mujeres, había una persona que llevaba estas reuniones y se presentaba como discípula de una “terapeuta corporal” de Barcelona … un poco más tarde me enteraría que la hija de una de las amigas de mi pareja había sido llevada a esta terapia por dolores de espalda y le habían hablado de una “técnica de reequilibrio corporal” muy novedosa … aunque esta chica no continuó yendo porque le pareció algo raro y aburrido el asunto.

Pero convencieron a mi pareja a que asistiera a alguna de las sesiones que ofrecía la terapeuta. A las pocas semanas, y sin darme cuenta, empezaron a aparecer por casa libros de budismo, de psicomagia … Y aunque al principio mi pareja iba algo escéptica, a los dos meses ya aceptó a ir a una sesión de antigimnasia.

Con mucha frecuencia, me contaba lo bien que le iba en esas clases semanales y lo impresionante que era su terapeuta: su personalidad le fascinaba, así como su conocimiento sobre el cuerpo humano, su relación con los traumas psicológicos, la bioenergética, etc. Aunque yo intentaba razonar y entender algo de lo que empezaba a hacer, lo único que me encontraba era con una respuesta de lo maravillosa que era su terapeuta.

Al cabo de un año aproximadamente, me convenció a que asistiera a una de las clases que se daban en el centro al cual ella estaba asistiendo, peor tenía que asistir a un grupo distinto al que ella asistía porque según ella “no estábamos al mismo nivel”. Por aquel entonces a mi no me pasaba nada, pero fue tal su insistencia que finalmente acepté; además, por aquel entonces nuestra relación había empezado a tener un cariz distinto, en el cual ella estaba siempre en posesión de la verdad y en ningún caso se disculpaba por su mal o humor o agresividad conmigo, motivos por los que pensé que no estaría de más conocer en dónde se estaba metiendo exactamente.