El Método era el centro de mi vida

Quiero dejar aquí mi experiencia como cliente y practicante de “un método de trabajo corporal”, puesto que éste es de los pocos bastiones que aguantan los envites de la máquina de arrasar “malos” testimonios del grupo de acólitos del Método Grinberg.

Descubrí el Método a través de una sesión de prueba en la que el practicante me dijo que podía ayudarme con mis dolores físicos. Efectivamente, al cabo de unos meses de sesiones, mis dolores eran mucho menores, y yo estaba convencido de que este método era fantástico.

Me encontraba bien y había aprendido a respirar y relajar las partes del cuerpo que me pudieran doler. Entonces mi practicante me ofreció trabajar a un nivel “más profundo”; él me dijo que era “trabajar con mi historia” y me pareció bien, porque me había dicho en repetidas ocasiones que la relación con mis padres era la causa de mi estado de nerviosismo constante.

En ese momento, empezó un proceso sin fin: me alejé de mis padres para poder “digerir” todo el daño que al parecer me habían hecho a lo largo de mi infancia, y del resto de mi familia que por una u otra razón iban apareciendo en las sesiones también como responsables de mi malestar interno.

Me llegaron a convencer que había sido abusado de niño, pero que no lo recordaba.

Más tarde, empezó a recomendarme hacer algún taller, ir a las charlas …  yo le tenía total confianza, ya le confiaba mi vida desde hacía meses, así que le hice caso.

El estado de indefensión que tenía ante sus “sugerencias” lo veo ahora, pero entonces no.

Entonces era capaz de entrar en una sesión del Método, pensando algo y salir convencido de que la opción contraria era la correcta.

Al poco de ir a las charlas y algún taller y, a través de las sesiones, me convenció de  que me sentía vacío en mi trabajo y me sugirió hacer los estudios del Método. Para cambiar de trabajo, para ayudar a las personas como mi practicante me había ayudado a mi.

Me pareció una idea genial. Y empecé a estudiar.