Carta de Conny Larson a Sai Baba

Bendecido por todo esto, regresé a Sri Lanka pensando que éste era mi nuevo camino…Ahora sí que no tenía interés alguno en continuar la construcción en Sri Lanka. Una empresa Sueca que quería adueñarse de la empresa me ofreció veintidós millones de dólares por ella.

Para ese momento ya yo había estado varias veces contigo en 1978 y quería establecerme en Puttaparthi permanentemente para estar cerca de ti. Yo quería vender la empresa a beneficio de la construcción de un nuevo hospital para los pobres y para los visitantes que lo necesitaran. Yo estaba preparado a dárselo todo a la Organización si tú lo hubieras querido. Mi sólo interés era permanecer cerca de ti.

Prontamente comenzaste a llamarme para varias audiencias y me convertí en una persona muy notada en el ashram. Los otros devotos no sabían qué estaba ocurriendo entre tú y yo en el privado de la sala de audiencias. Ni yo mismo lo sabía, sólo te creí cuando me dijiste que eras Dios y que me estabas ayudando con mis problemas del proceso del Kundalini. Esto lo encontré algo extraño, especialmente ya que lo hacías tomando mis genitales y algunas veces frotándoles aceite, después, masturbándome y pidiéndome que te lo hiciera a ti. También me hiciste sexo oral varias veces; siempre parecías disfrutarlo inmensamente. Cuando me pediste que te hiciera sexo oral yo me negué, debido a mi pasado en el que fui sexualmente molestado cuando niño.

Un amigo de mi padre alcohólico me molestaba sexualmente los viernes por la tarde, cuando yo tenía entre cuatro y ocho años. Fuiste noble en no forzarme. En su lugar, continuaste haciéndome sexo oral a mí hasta 1983. Para entonces ya yo tenía 34 años y me había salido de la zona de tus intereses sexuales. Cuando yo era niño y me molestaban sexualmente yo reaccionaba haciendo lo que se me pidiera para salvarme la vida. Por lo que la primera vez que me abordaste, aunque fue con un suave toque de tu mano en mis genitales, reaccioné de alguna forma instintiva y cerré la puerta a mi conciencia. Dejé de escuchar mi voz interna porque no quería perder tu divina imagen.

Toda la gente que habías empleado a tu servicio estaban haciendo sus esfuerzos en construir la imagen tuya como Dios viviendo y moviéndose en la tierra para beneficio de la humanidad, se supone que tú seas puro amor y que no tengas deseos personales ni lujuria más que el de traer alegría a la humanidad. Por supuesto que yo me creí todo el concepto, de inocente que era.

Ahora tengo unas preguntas: