Carta de Conny Larson a Sai Baba

Cuando finalmente llegué a Puttaparthi, marzo del 78, estaba totalmente exhausto después de dos días de viaje y la temperatura era de cuarenta y dos grados centígrados en la sombra. No había mucha gente, quizás unas mil quinientas personas en total y tú te dirigiste directamente a mí en el Darshan (reunión de feligreses en las afueras del templo)  y me dijiste: “¡Oh, ya viniste! ¿De dónde vienes?” Yo respondí: “De Suecia, Señor”. Tú respondiste: “¡No, no! Tu vienes de Sri Lanka.” Te sonreíste y seguiste caminando dejándome totalmente aturdido…Me había impresionado tu apariencia y la extraordinaria persona que ya me habían dicho que eras…Después de esto me quedé con mis propias fantasías.

Durante los cuatro días que estuve, vagué por el Ashram, leí libros, escuché alabanzas e historias que te hacían lucir como “El Divino en Persona”. La propaganda era masiva y hecha de una manera suave y placentera. Entre las reuniones al aire libre, se nos sirvió lo mejor de alimentos vegetarianos mientras aún no salíamos del asombro, después de tus manifestaciones de la ceniza sagrada – “vibhuti” que varias veces llevaste a cabo.

Todo parecía tan simple para ti y siempre tenías una sonrisa para mí, y yo, como todos los demás, entré a filas para amarte como nos eras presentado, es decir el “Divino en Forma Humana”.