Mis años en una comunidad budista cerrada

Me decido a probar una temporada como residente

Al fin de semana siguiente, muy contento, busqué un momento para hablar personalmente con el segundo del Rinpoché, otro lama de gran poder. La verdad es que pasábamos mucho tiempo juntos en las oficinas, debido al trabajo que realizaba con la junta directiva del centro, pero nunca abusé de su confianza contando cosas personales.

El segundo, al conocer lo que me pasaba y oírme decir que estaba dispuesto a probar una temporada como residente, se ausentó un momento y volvió con el Rinpoché en persona. Por lo visto se estaba cumpliendo un designio que el Rinpoché había vislumbrado en su meditación matinal: alguien vendría en ese día a solicitar ser admitido como residente/monje y eso sería muy benéfico para la comunidad.

Hablé con el jefe de los voluntarios para formalizar la petición. Firmamos el contrato que firmaban todos los residentes. La letra pequeña que decía que los residentes no podían cuestionar las decisiones de la Junta Directiva y que cualquier discrepancia se debería resolver en los juzgados. El jefe de los voluntarios me explicó que aquello era una formalidad, ya que quien mandaba en la junta era el Rinpoché, en el que teníamos plena confianza por su compasión y sabiduría.