Mis años en una comunidad budista cerrada

Me despiden del trabajo

Al cabo de 6 meses, la situación en el trabajo era irrespirable. Yo sabía que era debido a la energía negativa que absorbía de mis compañeros, pero también a que alguien por allí estaba haciendo magia negra, por envidia, para ocupar mi puesto.

Esto se confirmó claramente en una ocasión en que la meditación del domingo el Rinpoché vio que estábamos en un peligro muy grande y nos recomendó quedarnos hasta el lunes por la tarde. Además aprovechamos el tiempo para acabar unos trabajos urgentes que teníamos pendientes en la cocina del Palau. Cuando volví el martes al trabajo me estaba esperando mi jefe con la responsable de recursos humanos y con una carta de despido.

Naturalmente que no era la primera vez que me llamaban la atención, pero me reprocharon mi comportamiento errático del último año, en el que pasé de ser un empleado brillante, aunque algo obsesionado con el trabajo, a ser un gandul que rendía como si fuera un becario en prácticas, pero con un salario de primera categoría. También me echaron en cara que por culpa de mi dejadez la empresa perdió un contrato con un cliente muy importante.

Me vi de patitas en la calle, con una indemnización miserable y la verdad es que me alegré. Tenía mi pequeño apartamento pagado y con los ahorros y el paro me podría mantener durante un par de años y dedicarme a cambiar el rumbo de mi vida desde lo material a lo espiritual.

El Rinpoché me recibió aquella misma noche, después de cenar, dada la urgencia del caso. Me recomendó que vendiera el piso y que con eso, mis ahorros y el paro podría irme a vivir a la comunidad como residente a tiempo completo. Yo le dije que me lo pensaría.

La verdad es que dejar el trabajo me sentó muy bien la primera semana. Me pasé días enteros durmiendo, sólo saliendo de la cama para lo realmente imprescindible.

Estuve pensando qué hacer respecto a la indicación del Rinpoché. No lo tenía nada claro, aunque me atraía la idea de ir a vivir con los monjes de Garraf, convertirme en parte de la élite espiritual que se dedica a tiempo completo al bien de los demás seres.

Intenté contactar con mis antiguos amigos, pero siempre estaban ocupados los días laborables. Con mis padres pasaba igual, pero peor porque siempre que hablaba con ellos, especialmente con mi madre, siempre salía el tema de la comunidad, decían que los monjes tenían la culpa de que me hubieran despedido y que lo que tenía que haber hecho eran las paces con mi antigua novia, en lugar de correr detrás de un monje supuestamente iluminado.

Debido a esto me peleé con más violencia con mis padres, y los dejé llorando tras un tremendo portazo. Cuando llegué a casa hice los rituales especiales para purificar energía negativa que nos recomendaba el Rinpoché, pero en lugar de mejorar mi ánimo me puse peor (sin duda, yo creía haber absorbido demasiada negatividad de mis padres, debido al vínculo kármico existente). Me pasé varios días seguidos llorando. Cuando fui al médico, me confirmó mi temor: tenía una depresión de caballo.

El médico me recomendó que cambiara de aires, insistió en que cogiera unas vacaciones, que no me quedara en casa, que como mi situación económica era holgada me podría permitir unos meses o incluso un año sabático y él me firmaría un documento para que en el INEM no me pusieran problemas. Naturalmente yo no le conté absolutamente nada de la comunidad, pero tampoco compré los antidepresivos que me recetó.