El centro de rehabilitación funcionaba como una secta

Todo eso comenzó a fastidiarme porque me daba cuenta que no solo nos habían mentido sino que verdaderamente estábamos sin escapatoria.

El matrimonio responsable decidió que trabajara para el rastro que manejaban, me tocaba la tarea de limpieza y a mi madre la cocina o cuidar los niños de las chicas que se estaban rehabilitando porque a su vez a esas chicas las enviaban a trabajar afuera, limpiando calles, hoteles, pisos, o sea, las explotaban, las hacían trabajar hasta las once de la noche mas o menos.

En uno de esos días que yo estaba en el rastro no me aguanté más y decidí hablar con el matrimonio, les dije que no aguantaba más que me dijeran de verdad que querían con nosotras… ¿por qué nos habían mentido?. A lo cual la respuesta me asustó muchísimo y me dio un ataque de desesperación. Me dijo: “Patricia, las cosas son así, las necesitamos, pero a la que más necesitamos y la que más nos interesa eres tú”.

Recuerdo que ese día salí de ese lugar corriendo para hablar por teléfono a mi país a pedir ayuda, pero nada porque justo los teléfonos no funcionaban, ellos me dejaron salir porque me vieron fatal con mucha rabia, cuando regresé al centro me dijeron que no me quedaba otra que amoldarme a lo que ellos dijeran que era lo mejor para mi y para mi madre. Les dije que jamás me amoldaría, eso si sentí que el mundo se me derrumbaba no tenía escapatoria.