El centro de rehabilitación funcionaba como una secta

Me acuerdo que yo les imploraba a que por lo menos esperaran hasta el otro día para llevarla porque era de noche y hacía mucho frío; pero no, se la llevaron y la dejaron tirada en medio del monte con su hijita, esa noche no pudimos dormir pensando en ellas.

A todo esto nosotras empezamos a notar esas cosas raras y fue cuando se iba acercando la fecha de volvernos, cuando el responsable de la organización nos pidió hablar con nosotras y en esa conversación nos prometió que si nos quedábamos a colaborar para ellos, todo sería distinto, que estaríamos bien y que cuando quisiéramos irnos teníamos toda la libertad (porque siempre le dejé en claro que vine a trabajar y ganarme el pan con el sudor de mi frente) y el nos dijo que no había problemas que cuando quisiéramos irnos teníamos toda la libertad, lo cual creímos.

A todo esto antes de esa conversación a nosotras nos daban libertad para llamar a nuestra familia desde el locutorio, a enviar e-mails; inclusive, nos prometían que ellos nos prestarían el Internet para que no tuviera que ir al locutorio, pero por algún presentimiento no se los acepté, preferí seguir yendo al locutorio.

Después de esa conversación y de que se aseguraron que no nos regresaríamos a Colombia (porque nos pidieron que les entregásemos los pasajes de vuelta que a su vez los rompieron), ahí fue cuando la cosa comenzó a cambiar.

Cuando iba al locutorio, a los cinco minutos me mandaban a buscar, cuando mi familia llamaba para saber como estábamos, ellos les mentían y les decían que no estábamos, y eso que nosotras estábamos y no nos querían pasar las llamadas y mi familia comenzó a preocuparse.