El centro de rehabilitación funcionaba como una secta

Todos los días eran grandes problemones porque yo no soportaba tener a alguien a mi lado todo el tiempo para vigilarme y que cada cosa que yo hacía se la transmitía a mis responsables.

Cada vez que iba para algún sitio en el mismo rastro sin que ella lo supiera me montaba grandes escándalos y siempre eran discusiones porque yo también explotaba y le decía todo lo que sentía por el movimiento.

Una de las veces, uno de los responsables habló  con mi madre para que a su vez ella me convenciera que lo mejor para las dos era quedarnos en el centro.

Esa persona no quiso hablar directamente conmigo porque sabía lo que sentía y que de ninguna forma iba a convencerme de quedarme allí, pero si pensó que mi madre era débil y trató de convencerla a ella para que hablara conmigo.

Al ver ellos que teníamos muy resuelto el tema de irnos, decidieron separarnos, a ella llevarla a una punta de España y a mi dejarme en esa finca horrible.

Jamás olvidare ese día tan traumático para nosotras, estábamos en esa finca y de repente llegaron dos tíos en una camioneta y sin mediar palabra se la llevaron y yo gritando y preguntando sobre a donde se la llevaban… nadie me decía nada, y a raíz de ello casi me da un ataque, lloré, les dije de todo.

Lo único que ellos me decían es que lo hacían “por nuestro bien”, que así cambiaríamos nuestra forma de pensar y que lo hacían también porque ambas nos estábamos “influenciando para mal”, ante eso peor me puse. Me encerré en el lavabo y estuve a punto de cometer una locura (quitarme la vida), pero no lo hice porque pensé en mi madre en la desgracia que sería para ella.

Esa noche me la pasé llorando, y no pude dormir, luego a las 6 de la mañana mas o menos, me levanté desperté a todo mundo porque me puse a sacar mi ropa para hacer mis maletas y muy resuelta que a si no me llevaban a donde estaba mi madre me saldría de allí a como diera lugar y les denunciaría.

Como me vieron muy resuelta a hacerlo, no les quedó otra que llevarme a donde estaba mi madre, que todavía estaba en Madrid, en casa de un matrimonio que ellos si que fueron muy bueno con nosotras. Nos estuvimos allí por unos días hasta que los responsables y el fundador decidieran que hacer con nosotras.

Fueron días de mucha incertidumbre y de mucha tristeza pero a la vez sentía alivio de volver a ver a mi madre. Mi madre me contaba que ese día que se la llevaron, por la noche llamó a la finca para avisarme que estaba bien y en la finca donde yo estaba habían apagado los teléfonos y claro como en ese momento yo no tenía móvil, peor todavía. Mi madre llamaba a los fijos de la finca y ¡¡habían desconectado los teléfonos!!.