El centro de rehabilitación funcionaba como una secta

Sinceramente no quería nada de ellos porque después lo sacaban en cara y cuando daban algo, tenías que comprometerte a estar de por vida allí o te lo quitaban, eso fue una de las muchas cosas que jamás entendí, a veces regalaban alguna ropa a alguien y cuando esa persona se marchaba, se la quitaban, parece que ellos no saben que cuando se regala no se vuelve a pedir.

Otra de las cosas que recuerdo eran los famosos días jueves, que nos enviaban a pedir frutas y verduras a los mercadillos, a los distintos puestos y la gente daba con generosidad. Eso era todos los jueves y muchas veces no me apetecía ir, pero igual me enviaban. Todo lo que se recaudaba lo dividíamos para las diferentes casas.

Después de Madrid Capital, nos enviaron a otro pueblo muy lejos de Madrid, a dos horas de montaña adentro. En ese lugar estaría lo que ellos llaman la Segunda Fase de recuperación de las chicas. Vivían matrimonios y del otro lado de la casa, algunas chicas que estaban en proceso avanzado de recuperación (proceso avanzado de recuperación es una forma de decir porque no tenían ayuda profesional para ello).

Allí nos tenían más vigiladas que nunca y por ende también me cambiaron de puesto de trabajo, me enviaron a limpiar un inmenso rastro que tienen en otro sitio de Madrid, mejor dicho a las fueras de la ciudad, ahí terminé de arruinar mi salud tanto física como mental. Porque me prohibieron saludar a los chicos porque me decían que la mujer no debía saludar a un hombre porque era pecado, y claro como me gusta hacer de amistades, me saludaba con todo mundo, y cuando me veían saludando algún chico, me armaban muchos follones.

Una de las veces que estaba limpiando el rastro un chico me regaló un helado, y cuando me pillaron los responsables, tamaño escándalo me armaron. Me pusieron de vigilante personal a una chica de México que llevaba años en el centro y ella me vigilaba hasta cuando iba al baño.