El centro de rehabilitación funcionaba como una secta

Con mi testimonio, deseo poder ayudar a personas que hayan pasado o estén pasando por lo mismo que mi familia y yo hemos pasado, y que jamás olvidaremos porque fue algo muy doloroso, lo que nos tocó vivir no solamente a nosotros sino también ver cómo maltrataban a las personas con problemas de drogas en el centro en el que estuvimos.


Nosotras vinimos de Colombia, para buscar un futuro mejor, a trabajar y poder ayudar a nuestra familia de allá. Vinimos porque en España tenemos a uno de mis mejores amigos que se portó muy bien con nosotras y también porque Cáritas ofrecía ayudarnos hasta que consiguiéramos estabilizarnos económicamente; pero cuando vinimos, nos dijeron que nos habían dado mal la información y por lo tanto no podían ayudarnos.

Desesperadas y no sabiendo a dónde ir, y para no ser una carga para mi mejor amigo, decidimos al poco tiempo regresar a nuestro país, pero justo en esos momentos me acordé que en Valencia había un pastor evangélico que se ofreció a ayudarnos. Este pastor nos puso en contacto con esta “organización de ayuda al marginado”, quienes nos esperaron incluso en el aeropuerto para que nos quedáramos con ellos hasta que se nos venciera el pasaje y tener la libertad de salir de allí y volver a nuestro país (cosa que no fue así, porque nos mintieron). O sea, nosotras no ingresamos allí por problemas con drogas, nunca los tuvimos gracias a Dios, fuimos porque en realidad no teníamos a donde ir y les creímos eso de que cuando se cumpliera lo del pasaje podíamos regresar.

Nos llevaron al lugar que ellos llaman Primera Fase, que está en Toledo, dicen primera fase porque allí llevan a las chicas que rescatan de la calle drogadas para iniciar la rehabilitación. Ese lugar es aislado como la mayoría de los lugares que tienen para que la gente no pueda escaparse.

Los responsables de esa fase -por lo menos de cuando nosotras estábamos- eran personas buenas, pero a la vez nos mentían en muchas cosas que les preguntábamos.