Casi dos décadas como numeraria

Entré en el Opus Dei cuando contaba 16 años de edad. Permanecí casi dos décadas como numeraria, es decir, célibe destinada a tareas de formación y dirección de los demás miembros. Mejor dicho de las demás miembros, pues en el Opus Dei rige una estricta separación entre hombres y mujeres.


He vivido en distintos centros del Opus Dei de Pamplona y Jaén y una temporada también de Francia. Estudié filosofía en la universidad que esta institución tiene en mi ciudad natal, Pamplona, hice el doctorado y más tarde siendo todavía numeraria obtuve una plaza de profesora de instituto de educación secundaria en Andalucía.

Opus Dei es un grupo que goza de amplio reconocimiento social y político en España. Incluso ha sido muy favorecido por el papa Juan Pablo II que le otorgó un estatuto legal de privilegio dentro de la iglesia y canonizó a su fundador. Puede parecer muy osado por mi parte escribir a esta página y presentar mi testimonio como ex miembro de secta. Pero he llegado a la conclusión de que mi testimonio es necesario aquí. Han sido más de 10 años fuera del Opus Dei, y en ese tiempo he conocido experiencias de ex miembros del Opus Dei similares a la mía, véase opuslibros.org. También me he informado sobre ex miembros de organizaciones controvertidas como por ejemplo la Iglesia de la Cienciología. Haciendo acopio de todos esos relatos de personas que estuvieron en grupo sectarios concluyo que el Opus Dei en sus métodos de reclutamiento y lavado cerebral, de culto al fundador, de desposesión afectiva, efectiva y económica y de persecución al disidente no tiene nada que envidiar a otras asociaciones. Incluso aunque entre los miembros y simpatizantes del Opus Dei se encuentren personalidades de la política, la economía, la finanza, la justicia y la Iglesia en España. Dejaré de lado en mi relato el impacto del Opus Dei en la sociedad española para centrarme en mis vivencias.

Mi padre era veterinario y vivíamos en un pueblo de Navarra, pero hacia 1975, mis padres decidieron mudarse a Pamplona. Por medio de algunos amigos entraron en contracto con el Opus Dei. Fueron invitados a cursos de pedagogía que la universidad de Navarra organizaba para educadores en general. En la universidad le hablaron del club Isaba, un piso en el centro de la ciudad al que yo podría acudir después del colegio para estudiar, hacer los deberes, aprender inglés, o cocina, o trabajos manuales o salir de excursión los fines de semana. Cuando tenía 10 años mi madre me apuntó al club Isaba. En ese piso vivían una docena de numerarias, mujeres célibes del Opus Dei, estudiantes todas ellas de la universidad de Navarra. Ellas dirigían las actividades con niñas y adolescentes entre 9 y 18 años.

Además de las actividades mencionadas, acudíamos de vez en cuando a una charla sobre un tema religioso habitual: la devoción a la virgen María, el sacramento de la penitencia, la Misa…También resultó natural cuando tenía unos 13 ó 14 años acudir una predicación del sacerdote del Opus Dei que comentaba un pasaje del evangelio en el oratorio o capilla de aquel piso.

Mis padres estaban encantados con la formación católica a “machamartillo” que su hija estaba recibiendo. En los años 70 y 80, tras el Concilio Vaticano, muchos curas habían colgado los hábitos. Esto se notó especialmente en mi tierra, Navarra, que tradicionalmente se ha distinguido por ser un lugar de abundantes vocaciones religiosas. Así que mis padres veían el club Isaba como un lugar seguro, recogido, donde sólo aprendería buenos ejemplos.