No me equivoqué al salir…

Fui miembro de la Iglesia Palmariana desde el nacimiento hasta que me marché por mi propia voluntad a los 16 años, cuando me di cuenta que las enseñanzas de esta Iglesia eran fundamentalmente erróneas.

El hecho de abandonar el grupo tuvo en mi importantes secuelas, mientras intentaba alcanzar cierto equilibrio en mi vida ante el hecho de haber sido criado desde mi infancia en un lugar fabricado, una mentira. La salida y todo lo que supuso, me llevó durante varios años a abusar de las drogas y el alcohol, intentando sacar fuera de mi mente un montón de preguntas sin respuesta que me atormentaban.

Ahora, mirando desde fuera, puedo ver con toda claridad el comportamiento anormal de los miembros de la Iglesia; mi familia se quedó en la Iglesia y fueron muy respetados entre los palmarianos, al mismo tiempo que mi salida era calificada en términos vergonzosos. Mi abuelo fue hecho santo por Clemente y mi padre fue felicitado personalmente por el Padre Isidoro cuando cerró la venta de la sede de la Iglesia Irlandesa Palmariana. Los palmarianos visitaban regularmente mi casa mientras yo estaba allí, de hecho mi casa era lugar para un Cenáculo (un altar palmariano y “oficial” morada de Dios). Tengo la sensación que mis padres me obligan a volver a la Iglesia mediante argumentos basados en un chantaje emocional y debidos a su propia vergüenza antes que por una preocupación sincera por mi alma.

Experimenté de primera mano la actitud palmariana ante aquellos que abandonan, los apóstatas como se llaman.  Cuando tomé la decisión de abandonar fui repudiado automáticamente  a las siguientes 24 horas de mi salida, siéndome negado el contacto con los demás y aunque a veces aún ocasionalmente veo a mi madre, ella no quiere verme por el hecho de haber abandonado El Palmar de Troya.

Pese a los numerosos argumentos de la Iglesia Palmariana, lo que puedo ver claro es la completa ignorancia de sus seguidores. Se confía plenamente en los líderes para cualquier orientación o decisión en la vida, pero sin ver los agujeros que indudablemente existen dentro de la doctrina palmariana, de tal modo que los líderes nunca se equivocan -pese a lo duras que pudieran llegar a ser sus palabras-.

Desde muy temprana edad, asistí a clases de catecismo religioso.Ésta era una herramienta flagrante de exposición a la doctrina palmariana y todo lo que contenía, de forma que mi cabeza siempre estaba llena de imágenes apocalípticas y profecías, con la idea insistente que si uno permanecía con la Iglesia sería salvo y que si uno abandonaba su destino sería mucho peor que alguien que nunca hubiera sido palmariano (es decir, aquellas personas que rechazan la verdad y que son condenados automáticamente por ello).