Iglesia de Boston. ¡Salvado!

Pasé cuatro años en la Iglesia de Cristo y a todos los efectos fue como un viaje con grandes altibajos emocionales y espirituales. Había buenos momentos: el compañerismo y la diversidad de la gente que había. Su devoción y  la certeza absoluta de fe daba lugar a un fuerte sentido de la vida. Muchos de los que entraban dijeron estar atraídos por el compañerismo cálido que ofrecía el grupo y el mensaje vigoroso y directo que sonaba fuerte de los labios de los pulidos evangelistas americanos. A las personas que viven lejos de su casa un grupo religioso como el LCC puede parecer un refugio.

Al cabo de varios años de participación su lado negativo se hizo cada vez mas manifiesto. La Iglesia empezaba a atraer publicidad negativa: la presión constante de actuar, la pretensión que todos los miembros captaran continuamente nueva gente para el grupo, fue difícil de compaginar con el hecho de que se pasara por alto muchos otros aspectos propios de llevar una vida cristiana. El amor por Dios se medía mediante el éxito de la evangelización. Estaban en peligro muchas almas de modo que los adeptos tenían que “forzar los bautismos” (producir conversiones). Si no se producían buenos resultados, había que “censurarles”.  Muchos nuevos adeptos, incluso las personas más sumisas, encontraban el autoritarismo excesivo y abandonaron, muchas veces de forma violenta. Por cada persona que entraba otro se salía.

Abandonar no era fácil. A juicio de la Iglesia abandonar el LCC equivalía a abandonar a Dios. Si alguien se fue era sin duda debido a un terrible pecado oculto cometido en su vida o porque no amaba suficientemente a Jesucristo. La conducta de la Iglesia y su mando rara vez fueron aceptados como un factor legítimo en la decisión de una persona.  Decían que los que se fueron habían “caído”. Por haber rechazado “la verdad” estaban peor considerados que los que nunca habían mostrado interés.

Emocionalmente fue una terrible ruptura cuando decidí dejarlo. Creo que para muchos se parece a romper una relación personal intima. El tiempo, la energía y el compromiso, en especial para los que han dado muchos años al movimiento, no son una cosa que se olvide con facilidad. Otros están muy afectados por el hecho de que los que consideraron amigos íntimos ya se interesen por ellos. Ex miembros que se desvincularon de sus allegados y amigos foráneos durante su período dentro del LCC, se ven en algunos casos en la situación de tener que rehacer su vida por completo. La mayor parte pasa al final a cosas mejores. En retrospectiva, hubiera preferido haber abandonado antes pero tal vez esta experiencia me haya enseñado más de lo que ha hecho perder.