La dictadura del padre

“Ningún nombre, ninguna foto”. Sólo está dispuesto a una entrevista bajo estas condiciones. La llamaré Agathe Brugger. Ella fue una inquilina de la comuna Mühl desde el primer momento. 20 años pasó en la comuna de Otto Mühl.

Al contar empieza un viaje en el tiempo. Pinta Otto Mühl como una persona carismática, elocuente y vital, astuto y avispada. Al principio de los años setenta le conoce; entonces ya es una persona famosa y notoria. 

Otto Mühl, con formación de profesor de C.O.U. para las asignaturas Alemán y Historia y ex estudiante de Bellas Artes, quiere trasladar el arte a la vida sin rodeos y para tal propósito funda la primera comuna en Viena. Esta comuna apenas se diferencia en el momento de su fundación de las otras que esta época brotan por todas partes como setas. Ofrecen una alternativa a la pequeña familia burguesa, se renuncia de la propiedad privada en favor de la propiedad comunitaria y el sexo libre.

Mühl ocupa desde el primer momento la posición de líder. Ofrece terapias en la comuna y de esta manera conoce también a Agathe Brugger. No tiene ninguna formación terapéutica. Su terapia es una mezcla de terapia de conversación, grito primal y rebirthing. La mayoría de sus compañeros de la comuna están bajo tratamiento. Mediante las “consultas” Mühl va extendiendo una posición de preponderancia dentro de la comuna, obtiene una visión de las debilidades de los compañeros inquilinos, lo que aprovecha para jugar con dos barajas.En 1972, se cumple un sueño para Mühl y sus seguidores: la comuna en el campo. Con los últimos ahorros y con dinero prestado compra Friedrichshof, que hasta entonces era una casa escolar destartalado, un granero desvencijado con algunas tierras.

Al cabo de un año, Friedrichshof ya tiene unos 30 inquilinos, en su mayoría de la clase media alta vienesa; aparte de Mühl todos tiene aproximadamente veinte años. Las regla son rígidas; la renuncia al consumo y la cultura es total; ya apenas tienen contacto con el exterior. Casi todos han dejado sus estudios. A quien no está dispuesto a someterse a las dogmas se le recomienda salirse, y muy pronto empiezan a considerar cualquier expresión de crítica como “psicopatía”, celos y otros problemas en el trato con la sexualidad son daños que tiene su origen en la familia pequeña burguesa.

Tales daños deben ser dominados teatralmente en el “análisis de la acción”. Todas las noches tienen lugar estas confesiones colectivas, un inquilino se pone en el centro de la sala y hace examen de conciencia ante sus compañero de en qué medida sigue siendo un “duende de la pequeña burguesía”. Los demás inquilinos tamborean, gritan, bailan, le insultan y le pegan. Cuánto más extática resulta la confesión, cuántos más tabúes se rompen, más se libera el “duende burgués”. Mühl está sentado al piano y dirige la representación personal, da comentarios y provoca. La disposición de conformarse de la mayoría de los miembros era como una “una enfermedad psíquica colectiva”, comenta Agathe Brugger. El análisis de acción se convirtió en la columna que sustenta la comuna de Mühl y que forma el sólido fundamento de la estructura de poder.

Dos años después de la fundación, tiene ya entre 100 y 150 miembros. Huéspedes, en el verano de 1975 vienen casi 450, que han venido para un curso se quedan o se organizan en grupos de ciudad. Los primeros se establecen en Berlín, Munich, Düsseldorf y Ginebra. Años más tarde en Oslo, Estocolmo, París, Nancy y Zurich.